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Murciélagos

Murciélagos Los murciélagos, del orden Chiroptera, son los únicos mamíferos capaces de volar. Esta especie tiene una amplia variedad de comportamientos. Entre ellos destacamos las formas de cazar y los lugares para hacerlo, siempre buscando evitar la competencia. Los hay que cazan insectos en árboles y arbustos y los que cazan a cielo abierto, por ejemplo.

Para identificar las distintas especies es casi necesario capturar al animal y estudiarlo teniendo en cuenta los mínimos detalles. Así se estudiarán las orejas, los dientes, la forma de la nariz y los órganos sexuales para diferenciarlos mejor. Las alas de estos animales son extensiones de piel, sujetadas por sus patas anteriores como las varillas de los paraguas.

Para orientarse utilizan la ecolocalización, método similar al radar, por el que el murciélago emite ultrasonidos por su boca o nariz, que rebotan en los objetos y se devuelven al animal proporcionándole información sobre distancias, tamaños, etc.

Para evitar la desecación se pasan el día en cuevas, grietas o paredes rocosas. Al caer la noche salen de ellas para cazar. Las alas de los murciélagos facilitan la pérdida de humedad y calor para el animal. Este hecho hace que gasten más energía que otros mamíferos para mantener la temperatura de su cuerpo.

La mayoría de murciélagos europeos se alimentan de insectos. Este alimento escasea en invierno, por lo que deben comer lo máximo posible entre los meses de marzo y octubre, periodo donde tienen mayor actividad, para acumular la energía durante el invierno. Esta actividad del murciélago se da gracias al llamado torpor, que consiste en que el animal deja de mantener su temperatura corporal y la iguala con la temperatura ambiente. Así consigue transformar la energía ahorrada en grasa.

Los machos buscarán refugios lo más frescos posibles para ahorrar más energía. Mientras que las hembras buscarán refugios cálidos para poder gestar y criar.Esto significa que machos y hembras viven separados durante todo el período de cría. Sólo se juntan en otoño para el celo. En invierno se produce la hibernación, que dura hasta la primavera.