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La marcha de los Pingüinos

La marcha de los Pingüinos

Los pingüinos emperadores son protagonistas, cada año, de un singular recorrido. Esta especie parte desde la Antártida, alejándose del océano, para llegar al lugar donde se aparearán y garantizarán la continuidad de la especie. Sin embargo, esta aventura supone numerosos riesgos para un ejemplar que abandona su seguridad y atraviesa tierras muy frías, y pobladas por depredadores.

Durante su recorrido, el pingüino emperador recorrerá zonas con temperaturas de más de cuarenta grados bajo cero, y condiciones extremas donde ningún otro ser vivo ha logrado subsistir por tiempo prolongado.

El pingüino emperador es la única especie de estos animales que se reproduce durante el crudo invierno antártico. Para ello, se desplaza entre cincuenta y ciento veinte km. sobre el hielo hasta las colonias de cría, las cuales pueden incluir a miles de individuos.

Este ejemplar vive en pareja, relación que se sostendrá de forma monógama y duradera. Tras el cortejo, la hembra pone un único huevo, que es incubado inicialmente por el macho.
Durante ese tiempo, la hembra regresa al mar para alimentarse, proceso que durará más de un mes. De acuerdo con la extensión de la plataforma de hielo, tendrán que viajar alrededor de 80 kilómetros en busca de mar abierto, donde ingerirán, fundamentalmente, peces, calamares y krill.

El período de incubación suele ser bastante difícil para los machos, pues lo huevos no pueden tocar el suelo helado porque el embrión moriría automáticamente. De igual forma, debe prestar suma atención a las aves circundantes que intentarán apoderarse del huevo para tomarlo como alimento.

De tal forma, los machos conservan calientes los huevos recién puestos, pero no sentándose encima de ellos, como otras aves, sino manteniéndolos en equilibrio sobre sus patas y cubriéndolos con su piel emplumada, hasta formar un marsupio. En ese período los machos no comen nada y enfrentan con firmeza, o deben hacerlo, las duras condiciones de la Antártida.

Tras su regreso, las hembras traen el estómago lleno de comida, la cual regurgitarán para alimentar a los polluelos recién nacidos. Es en ese momento, que los pingüinos emperadores machos emprenden su viaje hacia el mar para encontrar sus alimentos.

Corresponde, entonces, a las madres cuidar de los polluelos, y ofrecerles cobijo al calor de su propio marsupio. Esta tarea no es menos compleja pues si los polluelos son expuestos a las temperaturas de la Antártida pueden morir inmediatamente.

Por su parte, durante el mes de diciembre (verano antártico), la plataforma de hielo comienza a deshacerse, y, como consecuencia, el mar abierto surge junto al lugar de cría, precisamente cuando el joven pingüino está listo para nadar, y pescar por sí mismo.

Vídeo documental sobre la marcha de los pingüinos

Proeza llevada al cine

La proeza de los pingüinos emperadores fue llevada al cine en 2005 por el director francés Luc Jaquet. A través del largometraje documental “La marcha de los pingüinos”, el cineasta muestra a esta especie y su largo recorrido como un canto a la vida.

“La marcha de los pingüinos” vincula a estas aves marítimas con la realidad de los humanos. Según los críticos, el producto audiovisual presenta su momento cumbre cuando los padres pingüinos, principalmente el macho, son capaces de dar sus vidas para conservar la especie, así como enfrentar el hambre y las hostiles ráfagas invernales de la Antártida.

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