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Mono aullador rojo

Mono aullador rojo

Los monos aulladores ya fueron descritos por el insigne naturalista Linneo en 1766. Se hallan en la parte noroeste de América del Sur, en la zona del Amazonas que está allí, Colombia (donde es más común, salvo junto al Pacífico, y llega hasta los 3.200 metros de altitud sobre el nivel del mar), Ecuador, el norte de Perú y Venezuela. Viven sobre todo en los bosques bajos, ya sean caducifolios y secos, de galería, de neblina, de várzea o manglares. Aunque puede desarrollarse en las alturas, es más común por debajo de los 700 metros sobre el nivel del mar.

Sus enemigos principales son las águilas arpías, aunque no tienen muchos depredadores naturales. Son uno de los pocos primates que están catalogados como “preocupación menor” en la Lista Roja de las especies amenazadas y solo muy ocasionalmente son cazados para comerlos, en Colombia.

Características del mono aullador rojo

Dentro de los monos americanos, el mono aullador es de los grandes: llega a dimensiones se entre 44 y 58 centímetros, con colas de entre 54 y 79. Los machos, de media, pesan más (7 kilos y medio) que las hembras (6,3)

Son básicamente herbívoros: viven a base de flores, frutas y hojas. Consumen fruta y hojas tiernas casi a partes iguales (más del 40 % cada) y muy secundariamente flores y peciolos. Algunas veces pueden ser vistos comiendo tierra o termitas de los árboles, se cree que para completar su aporte de minerales.

Monos aulladores rojos

Comportamiento de los monos aulladores rojos

Los monos aulladores viven en grupo, el cual normalmente está compuesto por unos 6 ejemplares, pero que puede llegar a alcanzar los 16, disperso a lo largo de terrenos muy amplios, desde las 4 hectáreas hasta nada menos que 182. Se desplazan a cuatro patas, aunque en un 20 % de las ocasiones se les puede ver caminando erguidos. Pasan la mayor parte del tiempo durmiendo, luego comiendo y después moviéndose. Viven de día y de acuerdo con las estaciones: cuando no llueve, descansan más y se desplazan menos, y cuando llueve, hacen lo contrario. Viven en los árboles, sobre todo los de mayor tamaño.

Cada día pueden llegar a caminar entre medio kilómetro y kilómetro y medio, aproximadamente, ayudando a esparcir las semillas.
El nombre de aullador no es capricho: tienen un hueso, el hiodes, que se encarga de aumentar enormemente los sonidos que emiten al vocalizar, ayudado por la fuerte mandíbula. Entre grupos se comunican a base de estos sonidos mantenidos en el tiempo, aunque a veces, con los aullidos, se provocan contactos directos, destinados al acicalamiento. Esto aparece sobre todo en las hembras maduras y jóvenes, pero también en los machos que aún no son del todo adultos. Ahora bien, la principal función del aullido es marcar el territorio y ahuyentar a la competencia, así como el apareamiento y la reacción ante fenómenos naturales fuertes como las tormentas. Posee un amplio espectro de vocalizaciones, desde el lloriqueo hasta el rugido.

Asimismo, hay acicalamiento dentro de los miembros del grupo de los unos a los otros, en función de la edad, situaciones sociales y el sexo, con una gran variación entre unos y otros grupos. EN general, no obstante, las que más acicalan a las otras son las hembras adultas, algo habitual entre los monos con parentesco pronto. De acuerdo con los biólogos, como el acicalamiento se produce en zonas del cuerpo a las que los monos no pueden acceder por sí mismos, tiene que ver con la higiene.

Cría de mono aullador rojo

Reproducción

La reproducción viene dada por la edad: los ejemplares varones adultos mayores (gerontocracia) poseen el derecho de emparejarse con las hembras del grupo. Cada vez, las hembras dan a luz a una cría, sin que haya una época de apareamiento específica. Los retoños son criados por todas las hembras de cada manada. Solo en situaciones extraordinarias llega algún macho externo, da un “golpe de Estado” y mata a los niños.

Normalmente, cuando alcanzan la edad adulta, las hembras se juntan con otras foráneas para fundar grupos nuevos, evitando así la endogamia de perjudiciales consecuencias genéticas. Sobreviven hasta los 5 años y medio los machos y un año menos las hembras; al llegar a adultos, los machos también abandonan su familia para formar parte en una nueva. El ciclo sexual de las hembras dura unos 17 días, que los machos detectan por el aroma. Las crías son muy vulnerables, porque la cola prensil no empieza a ser útil hasta los dos meses, por lo que al principio se agarran al vientre de su madre hasta que consiguen escalar hasta su espalda.

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